Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas Cuando el alemán acabó su relato, esperé a oir algún comentario sobre el insólito episodio que había narrado. Pero nadie osó romper el silencio. Miré a mi alrededor, y los cinco guías se habían desvanecido, tan quedamente que parecía que las cumbres montañosas se los hubieran tragado, absorbiéndolos en las nieves eternas. Para entonces no tenía humor para quedarme sentado solo en mitad de aquel escenario terrible, con el viento helado azotándome con solemnidad; o, si he de decir la verdad, no habría podido quedarme solo en ningún lugar. De manera que volví a entrar en la sala del convento y, tras encontrar al caballero americano todavía dispuesto a relatarme la vida y milagros de Ananias Dodger, decidí que me apetecía escucharla enterita.
Extraído del relato «El recuerdo», (1852)