Tiempos difíciles
Tiempos difíciles
UN HOMBRE Y UNOS AMOS
El señor Bounderby le dijo con su acostumbrada solemnidad:
-Y bien, Esteban, ¿qué es lo que me dicen? ¿Qué ha hecho contigo toda esta mala ralea? Pasa y desembucha.
De esta manera le hizo pasar a la sala. Había dispuesta una mesa de té; la joven esposa del señor Bounderby, el hermano de ésta y un distinguido caballero de Londres se hallaban presentes. Esteban les hizo a todos un saludo, cerró la puerta y se quedó en pie cerca de ella, con el sombrero en la mano. El señor Bounderby habló de este modo:
-Aquí tenéis, Harthouse, al hombre de que os estaba hablando.
El caballero a quien de esta manera se dirigía se hallaba conversando en el sofá con la señora del dueño de la casa; se levantó, dejando escapar un indolente «¡Ah!, ¿sí?», y después se trasladó perezosamente a la alfombrilla del hogar en la que permanecía en pie el señor Bounderby.
-¡Ea, desembucha! -dijo Bounderby.
