Tiempos difíciles

Tiempos difíciles

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-Y sin embargo, caballero -terminaba diciendo a su interlocutor-, ¿en qué ha venido a parar todo? En que ella está sirviendo a Josías Bounderby, de Coketown, por cien libras al año (porque le pago cien libras, salario que ella se digna calificar de espléndido).

Aún más, logró que este lado flaco suyo fuese conocido de tanta gente, que no faltó quien echase mano del mismo y lo manejase en ciertas ocasiones con habilidad grande. Una de las cualidades más irritantes de Bounderby era que no solamente se complacía en cantar sus propias alabanzas, sino que estimulaba a otras personas para que las cantasen. Contagiaba a los demás con sus latiguillos. Ciertas personas, que cuando estaban fuera de Coketown solían mostrarse modestas, tomaban la palabra en los banquetes celebrados en esta ciudad y se enorgullecían de Bounderby en forma completamente excesiva. Decían de él que era el escudo real, la bandera patria, la Carta Magna, John Bull, el Hábeas Corpus, la Proclamación de los Derechos del Hombre, la Casa del inglés es su castillo, la Iglesia y el Estado, el Dios Salve a la Reina, todo junto. Cuantas veces - y eran muchas - un orador de estos traía a colación :

Príncipes y señores florecen y se esfuman;

un soplo los encumbra y un soplo los abate

sus oyentes, invariablemente, lo suponían bien enterado del caso de la señora Sparsit.


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