Poemas a la muerte
Poemas a la muerte Sentà un Funeral en mi Cabeza,
los Dolientes que iban y venÃan,
pisaban — y pisaban — hasta que pareció
que el Sentido se iba abriendo paso —
Cuando todos estaban ya sentados,
la Liturgia, semejante a un Tambor —
redobló — y redobló — llegué a pensar
que mi Mente se estaba entumeciendo —
Y después les oà levantar una Caja
y un crujido me atravesaba el Alma
con sus Botas de Plomo, otra vez,
y entonces el Espacio — comenzó a repicar,
igual que si los Cielos fueran una Campana,
y el Ser, sólo un OÃdo,
y yo, con el Silencio, una especie de Raza
extraña, solitaria, naufragada —
y entonces una Tabla se quebró en la Razón,
y comencé a caer, y caer más —
y me di contra un Mundo, en cada choque,
y en ese instante — terminé de saber —
â–º