Las que no duermen NASH
Las que no duermen NASH Nash sacó la foto de la sima y la colocó sobre la mesa. —¿Qué sabes de esto? Sara la miró, y por un momento, pareció que iba a decir algo, pero se detuvo. Finalmente, susurró: —Si sigues tirando de este hilo, te vas a ahorcar con él.
La advertencia de Sara pesó sobre Nash, pero no la desvió de su propósito. La sima de Legarrea era más que un lugar, era un símbolo de poder para aquellos que conocían sus secretos. Y ahora, esos secretos estaban empezando a salir a la luz.
Mientras las sombras del pasado se extendían hacia el presente, Nash sintió que se acercaba a algo que no podía comprender del todo. Pero una cosa era clara: Legarrea no solo ocultaba respuestas, también contenía un peligro que la seguiría hasta que decidiera enfrentarlo directamente.
La lluvia golpeaba el parabrisas del Land Rover mientras Nash observaba el paisaje gris y saturado del valle. Cada curva del camino parecía un recordatorio de que se estaba adentrando más en el corazón del misterio. A su lado, Gabriel revisaba en silencio las notas del equipo. Las palabras de Sara Eguren no dejaban de resonar en su mente: "Si sigues tirando de este hilo, te vas a ahorcar con él."
