Las que no duermen NASH
Las que no duermen NASH La amenaza dejada en el parabrisas fue como un golpe directo, pero Nash no podÃa detenerse. HabÃa llegado demasiado lejos para retroceder. Esa noche, mientras Gabriel y Xabier intentaban descansar, ella permaneció despierta, examinando cada detalle del cuaderno encontrado en el campamento y las inscripciones de la caverna. Los sÃmbolos y las palabras parecÃan hablarle en un idioma que no comprendÃa del todo, pero una frase se repetÃa con frecuencia: "La madre llama."
¿Qué significaba aquello? Nash buscó en los archivos digitales de antropologÃa vasca, en textos antiguos sobre mitos y religión, y encontró referencias a una figura conocida como Mari, la diosa madre. Según las leyendas, Mari habitaba las profundidades de las montañas, un ser tan poderoso como temido, que demandaba tributos y guardaba secretos ancestrales.
El amanecer llegó con un cielo cubierto y una sensación de anticipación en el aire. Nash reunió al equipo. —Vamos a la sima una vez más. Esta vez, nos llevaremos todo lo necesario para explorar lo que encontramos ayer.
Gabriel la miró, incrédulo. —¿De verdad crees que eso es sensato? Nos están advirtiendo que paremos, Nash. No creo que esta gente esté jugando. —Lo sé —respondió Nash con firmeza—. Pero eso no cambia nada. Hay algo ahà abajo que tenemos que entender.
