Las que no duermen NASH
Las que no duermen NASH De regreso en la sima, decidieron realizar un segundo descenso, esta vez con más equipo y una visión más crÃtica. El olor seguÃa allÃ, pero ahora no era solo el de la podredumbre; algo más cargaba el aire, una humedad pesada que presionaba contra la piel.
—Esto es diferente —dijo Gabriel, apuntando su linterna hacia un rincón que antes no habÃan notado. Entre las rocas habÃa sÃmbolos tallados, figuras retorcidas que parecÃan danzar en la piedra. —¿Crees que esto es parte de las leyendas? —preguntó Julio desde arriba, donde supervisaba el descenso.
Nash tocó las marcas, sintiendo el frÃo de la roca contra sus dedos enguantados. —No son leyendas. Alguien hizo esto a propósito, y no parece algo reciente.
El hallazgo de las inscripciones añadió un nuevo nivel de complejidad al caso. Aquella sima no era solo un lugar de entierro, sino un sitio con significado. Quizá religioso, quizá algo más oscuro. Y cada paso que daban hacia la verdad parecÃa atraer miradas que no podÃan ver.
En los dÃas siguientes, Nash empezó a recibir llamadas anónimas. Al principio, pensó que eran bromas, pero los mensajes eran demasiado especÃficos. Detalles que solo alguien relacionado con el caso podrÃa conocer. "No sigas." "No tienes idea de lo que está en juego." "Esto no es solo un crimen, es una advertencia."
