Las que no duermen NASH
Las que no duermen NASH La presión aumentaba, pero Nash no podÃa dar marcha atrás. Andrea estaba hablando desde la tumba, y el eco de sus palabras seguÃa resonando en la mente de Nash: "No soy la única."
En las sombras del valle, el pasado comenzaba a despertarse, arrastrando consigo verdades que habÃan permanecido ocultas durante demasiado tiempo.
El eco de las palabras de Andrea no abandonaba a Nash. Cada vez que intentaba concentrarse en los detalles del caso, una sensación de opresión se extendÃa desde el fondo de su mente, como si estuviera rozando algo que no debÃa ser descubierto. Mientras tanto, las advertencias anónimas se volvieron más explÃcitas. Una noche, al regresar a su habitación en el pequeño hostal donde se hospedaba, encontró un sobre en el suelo. Dentro habÃa una fotografÃa: la imagen de la sima, tomada desde dentro, con una silueta sombrÃa de espaldas.
—Esto ya no es solo una advertencia —dijo Nash al mostrarle la foto a Gabriel y Xabier al dÃa siguiente. —¿Quién demonios tiene acceso a ese lugar? —preguntó Gabriel, enfadado. —Alguien que quiere asegurarse de que no lleguemos al fondo de esto. Y que no le importa que sepamos que está mirando.
