El secreto
El secreto Henry lo miró directamente. —Nada. Lo dejamos donde cayó. La nieve lo cubrió antes de que alguien pudiera encontrarlo.
Richard sintió que el suelo bajo sus pies se tambaleaba. Lo que había comenzado como un juego elitista de rituales y secretos se había convertido en algo real, algo que no podía deshacerse con palabras o excusas. Había un muerto, y ellos eran responsables.
En los días siguientes, la paranoia comenzó a filtrarse en cada conversación. Bunny, incapaz de contenerse, hacía comentarios crípticos en público, casi como si quisiera ser descubierto. —Oh, claro, Henry —decía con una sonrisa venenosa. —Porque dejar cadáveres en el bosque es tan... civilizado.
Henry, por su parte, mantenía su calma habitual, pero Richard podía ver que algo en él estaba al borde del colapso. Cada reunión se volvía más tensa, cada mirada más cargada. Los gemelos comenzaron a beber más de lo habitual, y Francis desaparecía durante días enteros. El grupo, que antes había parecido una entidad perfecta y unida, ahora era un mosaico roto, y cada pieza intentaba sostenerse por sí misma.
Una tarde, mientras caminaba solo por el campus, Richard escuchó un rumor. Habían encontrado algo en el bosque. La policía estaba involucrada. Se sentía como un golpe directo al estómago. Corrió hacia la casa de Francis, donde los demás ya se habían reunido.