El secreto
El secreto El plan, si es que podía llamarse así, se decidió en cuestión de minutos. Era simple en su ejecución, pero complejo en sus implicaciones. Todo se llevaría a cabo durante una excursión al monte Cataract, un lugar que Bunny adoraba y al que ellos lo invitarían como una manera de reconciliarse.
—Haré lo que sea necesario —dijo Henry, con una frialdad que helaba la sangre.
Y así quedó sellado el destino de Bunny. En los días siguientes, el grupo operó como si todo fuera normal, pero Richard podía ver cómo la culpa comenzaba a aflorar en todos ellos. Charles bebía más que nunca, Camilla apenas hablaba, y Francis parecía estar al borde de un colapso nervioso. Pero Henry permanecía implacable, como una máquina que no conocía otra función que avanzar.
El día llegó. Subieron al monte Cataract con Bunny, quien, en su típica forma, no sospechó nada. Reía y hablaba como si todo estuviera olvidado, como si ellos realmente estuvieran allí para arreglar las cosas.
Y luego llegó el momento. Un resbalón. Un empujón. Y Bunny cayó.
Richard apenas pudo mirar. El sonido de su cuerpo golpeando las rocas resonó como un eco que no dejaba de repetirse en su mente. Por un instante, todo quedó en silencio, hasta que Henry habló.
—Ya está hecho.