El secreto
El secreto Había algo agotado en su voz, como si la energía que le quedaba se hubiera agotado con la primavera. Charles estaba sentado en un rincón, ebrio como de costumbre, mientras Francis bebía en silencio. Richard sabía que todos pensaban lo mismo, pero nadie tenía el valor de decirlo.
—Ya lo soportamos —respondió Henry. Pero su voz ya no tenía la fuerza de antes. Era casi un eco de lo que había sido, como si él mismo no creyera sus propias palabras.
La reunión terminó abruptamente cuando Charles, tambaleándose, acusó a Henry: —Todo esto es culpa tuya. Nos metiste en esto y nos abandonaste.
Henry lo ignoró, pero sus ojos revelaron algo que Richard nunca había visto antes: una chispa de vulnerabilidad, un reconocimiento de que, tal vez, Charles tenía razón.
Las semanas pasaron. Cada uno siguió su camino, intentando aparentar normalidad. Pero la presión era insoportable. Francis desapareció por completo, abandonando Hampden sin despedirse. Charles y Camilla dejaron de hablarse, su relación fracturada por un silencio lleno de rencor. Richard apenas veía a Henry, quien ahora pasaba más tiempo encerrado en su estudio, rodeado de libros y mapas, como si pudiera encontrar en ellos una solución que ya no existía.