Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Pero ¿es posible que haya robado? ‑exclamó Dunia, levantándose de un salto‑. ¿Se puede creer tan sólo que haya tenido esa idea? Usted lo conoce. ¿Acaso tiene aspecto de ladrón?
HabÃa olvidado su terror de hacÃa un momento y hablaba en tono suplicante.
‑Esa pregunta tiene mil respuestas, infinidad de explicaciones. El ladrón comete sus fechorÃas consciente de su infamia. Pero yo he oÃdo hablar que un hombre de probada nobleza desvalijó un correo. A lo mejor, creyó cometer una acción loable. Yo me habrÃa resistido, como se resiste usted, a creer que su hermano hubiera cometido un acto asà si me lo hubieran contado; pero no tengo más remedio que dar crédito al testimonio de mis propios oÃdos. Explicó los motivos de su proceder a Sonia Simonovna. Ésta, al principio, no podÃa creer en lo que estaba oyendo; pero acabó por rendirse a la evidencia. Asà tenÃa que ser, ya que era el mismo autor del hecho el que lo contaba.
‑¿Cuáles fueron los motivos de que habló?