Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Si tarda usted tanto ‑continuó‑, podré caer sobre usted antes de que haya vuelto a apretar el gatillo.
Dunetchka se estremeció, preparó el revólver y apuntó.
‑¡Déjeme! ‑gritó, desesperada‑. Le juro que volveré a disparar ¡y le mataré!
‑¡Qué importa! Desde luego, disparando a tres pasos es imposible fallar. Pero si usted no me mata…
Sus ojos centellearon y dio dos pasos más. Dunetchka disparó, pero no salió la bala.
‑Ese revólver está mal cargado. Pero no importa: le queda una bala todavÃa. Arréglelo. Espero.
Estaba a dos pasos de la joven y la miraba con una ardiente fijeza que expresaba una resolución indómita. Dunia comprendió que preferirÃa morir a renunciar a ella. Y… y ahora estaba segura de matarle, ya que sólo lo tenÃa a dos pasos.
De pronto arrojó el arma.
‑¡No quiere matarme! ‑exclamó Svidrigailof, asombrado.