Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Nada más? ‑preguntó el sirviente con cierto asombro. ‑Nada más.
El mozo se fue, dando muestras de contrariedad.
«Este lugar no debe de ser muy decente ‑pensó Svidrigailof‑. ¿Cómo es posible que no lo haya advertido antes? También yo debo de tener el aspecto de un hombre que viene de divertirse y ha tenido una aventura por el camino. Me gustarÃa saber qué clase de gente se hospeda aquÃ.»
Encendió la bujÃa y examinó el aposento atentamente. Era una verdadera jaula en la que habÃan abierto una ventana. Tan bajo tenÃa el techo, que un hombre de la talla de Svidrigailof difÃcilmente podÃa estar de pie. Además de la sucia cama, habÃa una mesa de madera blanca pintada y una silla, lo que bastaba para llenar la habitación. Las paredes parecÃan construidas con simples tablas y estaban revestidas de un papel tan sucio y lleno de polvo que era imposible deducir su color. La escalera cortaba al sesgo el techo y un trozo de pared, lo que daba a la pieza un aspecto de buhardilla.