Crimen y Castigo
Crimen y Castigo «La señal de que sube el agua ‑pensó‑. Dentro de unas horas, las partes bajas de la ciudad estarán inundadas. Las ratas de las cuevas serán arrastradas por la corriente y, en medio del viento y la lluvia, los hombres, calados hasta los huesos, empezarán a transportar, entre juramentos, todos sus trastos a los pisos altos de las casas. A todo esto, ¿qué hora será?»
En el momento en que se hacÃa esta pregunta, en un reloj cercano resonaron tres poderosas y apremiantes campanadas.
«Dentro de una hora será de dÃa. ¿Para qué esperar más? Voy a marcharme ahora mismo. Me iré directamente a la isla Petrovski. Allà elegiré un gran árbol tan empapado de lluvia que, apenas lo roce con el hombro, miles de diminutas gotas caerán sobre mi cabeza.»
Se retiró de la ventana, la cerró, encendió la bujÃa, se vistió y salió al pasillo con la palmatoria en la mano. Se proponÃa despertar al mozo, que sin duda dormirÃa en un rincón, entre un montón de trastos viejos, pagar la cuenta y salir del hotel.
«He escogido el mejor momento ‑se dijo‑. Imposible encontrar otro más indicado.»