Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Qué quiere usted? ‑preguntó ceceando y sin hacer el menor movimiento.
‑Nada, amigo mÃo ‑respondió Svidrigailof‑. Buenos dÃas.
‑Siga su camino.
‑¿Mi camino? Me voy al extranjero.
‑¿Al extranjero?
‑A América.
‑¿A América?
Svidrigailof sacó el revólver del bolsillo y lo preparó para disparar. El soldado arqueó las cejas.
‑Oiga, aquà no quiero bromas ‑ceceó.
‑¿Por qué?
‑Porque no es lugar a propósito.
‑El sitio es excelente, amigo mÃo. Si alguien te pregunta, tú le dices que me he marchado a América.
Y apoyó el cañón del revólver en su sien derecha.
‑¡Eh, eh! ‑exclamó el soldado, abriendo aún más los ojos y mirándole con una expresión de terror‑. Ya le he dicho que éste no es sitio para bromas.
Svidrigailof oprimió el gatillo.