Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Sin embargo, habÃa hecho amistad con Rasumikhine. Por lo menos, se mostraba con él más comunicativo, más franco que con los demás. Y es que era imposible comportarse con Rasumikhine de otro modo. Era un muchacho alegre, expansivo y de una bondad que rayaba en el candor. Pero este candor no excluÃa los sentimientos profundos ni la perfecta dignidad. Sus amigos lo sabÃan, y por eso lo estimaban todos. Estaba muy lejos de ser torpe, aunque a veces se mostraba demasiado ingenuo. TenÃa una cara expresiva; era alto y delgado, de cabello negro, e iba siempre mal afeitado. HacÃa sus calaveradas cuando se presentaba la ocasión, y se le tenÃa por un hércules. Una noche que recorrÃa las calles en compañÃa de sus camaradas habÃa derribado de un solo puñetazo a un gendarme que medÃa como mÃnimo uno noventa de estatura. Del mismo modo que podÃa beber sin tasa, era capaz de observar la sobriedad más estricta. Unas veces cometÃa locuras imperdonables; otras mostraba una prudencia ejemplar.
Rasumikhine tenÃa otra caracterÃstica notable: ninguna contrariedad le turbaba; ningún revés le abatÃa. PodrÃa haber vivido sobre un tejado, soportar el hambre más atroz y los frÃos más crueles. Era extremadamente pobre, tenÃa que vivir de sus propios recursos y nunca le faltaba un medio u otro de ganarse la vida. ConocÃa infinidad de lugares donde procurarse dinero… , trabajando, naturalmente.