Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Por estúpida que sea, Rodia, puedo comprender que dentro de poco ocuparás uno de los primeros puestos, si no el primero de todos, en el mundo de la ciencia. ¡Y pensar que creÃan que estabas loco! ¡Ja, ja, ja! Pues esto es lo que sospechaban. ¡Ah, miserables gusanos! No alcanzan a comprender lo que es la inteligencia. Hasta Dunetchka, sÃ, hasta la misma Dunetchka parecÃa creerlo. ¿Qué me dices a esto… ? Tu pobre padre habÃa enviado dos trabajos a una revista, primero unos versos, que tengo guardados y algún dÃa te enseñaré, y después una novela corta que copié yo misma. ¡Cómo imploramos al cielo que los aceptaran! Pero no, los rechazaron. Hace unos dÃas, Rodia, me apenaba verte tan mal vestido y alimentado y viviendo en una habitación tan mÃsera, pero ahora me doy cuenta de que también esto era una tonterÃa, pues tú, con tu talento, podrás obtener cuanto desees tan pronto como te lo propongas. Sin duda, por el momento te tienen sin cuidado estas cosas, pues otras más importantes ocupan tu imaginación.
‑¿Y Dunia, mamá?