Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Yo? Pues… Mi hermana fue institutriz en su casa.
‑Entonces, usted puede facilitarnos datos sobre él. ¿Sospechaba usted sus propósitos?
‑Le vi ayer. Estaba bebiendo champán. No observé en él nada anormal.
Raskolnikof tenÃa la impresión de que habÃa caÃdo un peso enorme sobre su pecho y lo aplastaba.
‑Otra vez se ha puesto usted pálido. ¡Está tan cargada la atmósfera en estas oficinas!
‑Sà ‑murmuró Raskolnikof‑. Me marcho. Perdóneme por haberle molestado.
‑No diga usted eso. Estoy siempre a su disposición. Su visita ha sido para mà una verdadera satisfacción.
Y tendió la mano a Rodion Romanovitch.
‑Sólo querÃa ver a Zamiotof.
‑Comprendido. Encantado dé su visita.
‑Yo también… he tenido mucho gusto en verle –dijo Raskolnikof con una sonrisa‑. Usted siga bien.