Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Se siente usted mal? ¡Una silla! Siéntese. ¡Traigan agua!
Raskolnikof se dejó caer en la silla sin apartar los ojos del rostro de Ilia Petrovitch, donde se leÃa una profunda sorpresa. Durante un minuto, los dos se miraron en silencio. Trajeron agua.
‑Fui yo… ‑empezó a decir Raskolnikof.
‑Beba.
El joven rechazó el vaso y, en voz baja y entrecortada, pero con toda claridad, hizo la siguiente declaración:
‑Fui yo quien asesinó a hachazos, para robarles, a la vieja prestamista y a su hermana Lisbeth.
Ilia Petrovitch abrió la boca. Acudió gente de todas partes. Raskolnikof repitió su confesión.