Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¡Dejadme subir también a mÃ, hermanos! ‑grita un joven, seducido por el alegre espectáculo.
‑¡Sube! ¡Subid! ‑grita Mikolka‑. ¡Nos llevará a todos! Yo le obligaré a fuerza de golpes… ¡Latigazos! ¡Buenos latigazos!
La rabia le ciega hasta el punto de que ya ni siquiera sabe con qué pegarle para hacerle más daño.
‑Papá, papaÃto ‑exclama Rodia‑. ¿Por qué hacen eso? ¿Por qué martirizan a ese pobre caballito?
‑Vámonos, vámonos ‑responde el padre‑. Están borrachos… Asà se divierten, los muy imbéciles… Vámonos… , no mires…
E intenta llevárselo. Pero el niño se desprende de su mano y, fuera de sÃ, corre hacia la carreta. El pobre animal está ya exhausto. Se detiene, jadeante; luego empieza a tirar nuevamente… Está a punto de caer.
‑¡Pegadle hasta matarlo! ‑ruge Mikolka‑. ¡Eso es lo que hay que hacer! ¡Yo os ayudo!
‑¡Tú no eres cristiano: eres un demonio! ‑grita un viejo entre la multitud.
Y otra voz añade:
‑¿Dónde se ha visto enganchar a un animalito asà a una carreta como ésa?
‑¡Lo vas a matar! ‑vocifera un tercero.