Crimen y Castigo
Crimen y Castigo El pobre niño está fuera de sÃ. Lanzando un grito, se abre paso entre la gente y se acerca al caballo muerto. Coge el hocico inmóvil y ensangrentado y lo besa; besa sus labios, sus ojos. Luego da un salto y corre hacia Mikolka blandiendo los puños. En este momento lo encuentra su padre, que lo estaba buscando, y se lo lleva.
‑Ven, ven ‑le dice‑. Vámonos a casa.
‑Papá, ¿por qué han matado a ese pobre caballito? ‑gime Rodia. Alteradas por su entrecortada respiración, sus palabras salen como gritos roncos de su contraÃda garganta.
‑Están borrachos ‑responde el padre‑. Asà se divierten. Pero vámonos: aquà no tenemos nada que hacer.
Rodia le rodea con sus brazos. Siente una opresión horrible en el pecho. Hace un esfuerzo por recobrar la respiración, intenta gritar… Se despierta.
Raskolnikof se despertó sudoroso: todo su cuerpo estaba húmedo, empapados sus cabellos. Se levantó horrorizado, jadeante…
‑¡Bendito sea Dios! ‑exclamó‑. No ha sido más que un sueño.
Se sentó al pie de un árbol y respiró profundamente.
«Pero ¿qué me ocurre? Debo de tener fiebre. Este sueño horrible lo demuestra.»