Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¡Bueno! Pero ¿estás enfermo o qué? ‑preguntó Nastasia.
Esta segunda pregunta quedó tan sin respuesta como la primera.
‑Debes salir ‑dijo Nastasia tras un silencio‑. Te conviene tomar un poco el aire. Comerás, ¿verdad?
‑Más tarde ‑balbuceó débilmente Raskolnikof‑. Ahora vete.
Y reforzó estas palabras con un ademán.
Ella permaneció todavÃa un momento en el cuarto, mirándolo con un gesto de compasión. Luego se fue.
Minutos después, Raskolnikof abrió los ojos, contempló largamente la sopa y el té, cogió la cuchara y empezó a comer.