Crimen y Castigo
Crimen y Castigo De súbito se acordó de que su sombrero atraÃa las miradas de la gente.
«¡Qué estúpido he sido! Anteayer tenÃa dinero: habrÃa podido comprarme una gorra.»
Y añadió una imprecación que le salió de lo más hondo.
Su mirada se dirigió casualmente al interior de una tienda y vio un reloj que señalaba las siete y diez minutos. No habÃa tiempo que perder. Sin embargo, tenÃa que dar un rodeo, pues querÃa entrar en la casa por la parte posterior.