Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Los pasos llegaron al primer piso. Siguieron subiendo. Eran cada vez más perceptibles. Llegó un momento en que incluso se oyó un jadeo asmático… Ya estaba en el tercer piso… «¡Viene aquÃ, viene aquÃ… !» Raskolnikof quedó petrificado.. Le parecÃa estar viviendo una de esas pesadillas en que nos vemos perseguidos por enemigos implacables que están a punto de alcanzarnos y asesinarnos, mientras nosotros nos sentimos como clavados en el suelo, sin poder hacer movimiento alguno para defendernos.
Las pisadas se oÃan ya en el tramo que terminaba en el cuarto piso. De pronto, Raskolnikof salió de aquel pasmo que le tenÃa inmóvil, volvió al interior del departamento con paso rápido y seguro, cerró la puerta y echó el cerrojo, todo procurando no hacer ruido.
El instinto lo guiaba. Una vez bien cerrada la puerta, se quedó junto a ella, encogido, conteniendo la respiración.
El desconocido estaba ya en el rellano. Se encontraba frente a Raskolnikof, en el mismo sitio desde donde el joven habÃa tratado de percibir los ruidos del interior hacÃa un rato, cuando sólo la puerta lo separaba de la vieja.
El visitante respiró varias veces profundamente.