Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Sin embargo, a despecho de esta amarga conclusión, estaba contento como el hombre que se ha librado de pronto de una carga espantosa, y recorrió con una mirada amistosa a las personas que le rodeaban. Pero en lo más hondo de su ser presentÃa que su animación, aquel resurgir de su esperanza, era algo enfermizo y ficticio. La taberna estaba casi vacÃa. Detrás de los dos borrachos con que se habÃa cruzado Raskolnikof habÃa salido un grupo de cinco personas, entre ellas una muchacha. Llevaban una armónica. Después de su marcha, el local quedó en calma y pareció más amplio.
En la taberna sólo habÃa tres hombres más. Uno de ellos era un individuo algo embriagado, un pequeño burgués a juzgar por su apariencia, que estaba tranquilamente sentado ante una botella de cerveza. TenÃa un amigo al lado, un hombre alto y grueso, de barba gris, que dormitaba en el banco, completamente ebrio. De vez en cuando se agitaba en pleno sueño, abrÃa los brazos, empezaba a castañetear los dedos, mientras movÃa el busto sin levantarse de su asiento, y comenzaba a canturrear una burda tonadilla, haciendo esfuerzos para recordar las palabras.
Durante un año entero acaricié a mi mujer… Duran… te un año entero a… ca… ricié a mi mu… jer.
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