Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑No estoy de acuerdo con usted ‑dijo Lujine, visiblemente encantado‑. Cierto que algunos se entusiasman y cometen errores, pero debemos ser indulgentes con ellos. Esos arrebatos y esas faltas demuestran el ardor con que se lanzan al empeño, y también las dificultades, puramente materiales, verdad es, con que tropiezan. Los resultados son modestos, pero no debemos olvidar que los esfuerzos han empezado hace poco. Y no hablemos de los medios que han podido utilizar. A mi juicio, no obstante, se han obtenido ya ciertos resultados. Se han difundido ideas nuevas que son excelentes; obras desconocidas aún, pero de gran utilidad, sustituyen a las antiguas producciones de tipo romántico y sentimental. La literatura cobra un carácter de madurez. Prejuicios verdaderamente perjudiciales han caÃdo en el ridÃculo, han muerto… En una palabra, hemos roto definitivamente con el pasado, y esto, a mi juicio, constituye un éxito.
‑Ha dado suelta a la lengua sólo para lucirse ‑gruñó inesperadamente Raskolnikof.
‑¿Cómo? ‑preguntó Lujine, que no habÃa entendido.
Pero Raskolnikof no le contestó.
‑Todo eso es exacto ‑se apresuró a decir Zosimof.