Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Veinte minutos después de haberse marchado Rasumikhine se oyeron en la puerta dos discretos y rápidos golpes. Era el estudiante, que estaba de vuelta.
‑No entro, pues el tiempo apremia ‑dijo apresuradamente cuando le abrieron‑. Duerme a pierna suelta y con perfecta tranquilidad. Quiera Dios que su sueño dure diez horas. Nastasia está a su lado y le he ordenado que no lo deje hasta que yo vuelva. Ahora voy por Zosimof para que le eche un vistazo. Luego vendrá a informarlas y ustedes podrán acostarse, cosa que buena falta les hace, pues bien se ve que están agotadas.
Y se fue corriendo por el pasillo.
‑¡Qué joven tan avispado… y tan amable! ‑exclamó Pulqueria Alejandrovna, complacida.
‑Yo creo que es una excelente persona ‑dijo Dunia calurosamente y reanudando sus paseos por la habitación.