Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Enrojeció y se detuvo. Avdotia Romanovna se ruborizó también, pero no dijo nada. No había pronunciado una sola palabra desde que había empezado a oír hablar de Lujine.
Pero Pulqueria Alejandrovna se sentía un tanto desconcertada al faltarle la ayuda de su hija. Finalmente, manifestó, vacilando y dirigiendo continuas miradas a la joven, que había ocurrido algo que la trastornaba profundamente.
‑Verá usted, Dmitri Prokofitch ‑comenzó a decir. Pero se detuvo y preguntó a su hija‑: Debo hablar con toda franqueza a Dmitri Prokofitch, ¿verdad, Dunetchka?
‑Desde luego, mamá ‑respondió sin vacilar Avdotia Romanovna.