Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Verdad, Dunia?
‑No ‑repuso enérgicamente la joven.
‑¡Bah! También tú estás llena de buenas intenciones ‑murmuró con sonrisa burlona y acento casi rencoroso‑. Debà comprenderlo… Desde luego, eso es hermoso y tiene más valor… Si llegas a un punto que no te atreves a franquear, serás desgraciada, y si lo franqueas, tal vez más desgraciada todavÃa. Pero todo esto es pura palabrerÃa ‑añadió, lamentando no haber sabido contenerse‑. Yo sólo querÃa disculparme ante ti, mamá ‑terminó con voz entrecortada y tono tajante.
‑No te preocupes, Rodia; estoy segura de que todo lo que tú haces está bien hecho ‑repuso la madre alegremente.
‑No estés tan segura ‑repuso él, esbozando una sonrisa.
Se hizo el silencio. Toda esta conversación, con sus pausas, el perdón concedido y la reconciliación, se habÃa desarrollado en una atmósfera no desprovista de violencia, y todos se habÃan dado cuenta de ello.
«Se dirÃa que me temen», pensó Raskolnikof mirando furtivamente a su madre y a su hermana.
Efectivamente, Pulqueria Alejandrovna parecÃa sentirse más y más atemorizada a medida que se prolongaba el silencio.