Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Nada ‑respondió el joven‑: que me he acordado de una tonterÃa.
Y se echó a reÃr.
‑Si es una tonterÃa, lo celebro ‑dijo Zosimof levantándose‑. Pues hasta a mà me ha parecido… Bueno, me tengo que marchar. Vendré más tarde… Supongo que le encontraré aquÃ.
Saludó y se fue.
‑Es un hombre excelente ‑dijo Pulqueria Alejandrovna.
‑SÃ, un hombre excelente, instruido, perfecto ‑exclamó Raskolnikof precipitadamente y animándose de súbito‑. No recuerdo dónde lo vi antes de mi enfermedad, pero sin duda lo vi en alguna parte… Y ahà tenéis otro hombre excelente ‑añadió señalando a Rasumikhine‑. ¿Te ha sido simpático, Dunia? ‑preguntó de pronto. Y se echó a reÃr sin razón alguna.
‑Mucho ‑respondió Dunia.
‑¡No seas imbécil! ‑exclamó Rasumikhine poniéndose colorado y levantándose.
Pulqueria Alejandrovna sonrió y Raskolnikof soltó la carcajada.
‑Pero ¿adónde vas?
‑Tengo que hacer.