Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Dice que no se sentÃa bien ‑exclamó Rasumikhine‑, y esto es poco menos que no decir nada. Pues lo cierto es que hasta ayer el delirio apenas le ha dejado… Puedes creerme, Porfirio: apenas se tiene en pie… Pues bien, ayer aprovechó un momento, unos minutos, en que Zosimof y yo le dejamos, para vestirse, salir furtivamente y marcharse a Dios sabe dónde. ¡Y esto en pleno delirio! ¿Has visto cosa igual? ¡Este hombre es un caso!
‑¿En pleno delirio? ¡Qué locura! ‑exclamó Porfirio Petrovitch, sacudiendo la cabeza.
‑¡Eso es mentira! ¡No crea usted ni una palabra… ! Pero sobra esta advertencia, porque usted no lo ha creÃdo, ni mucho menos ‑dejó escapar Raskolnikof, aturdido por la cólera.
Pero Porfirio no dio muestras de entender estas extrañas palabras.
‑¿Cómo te habrÃas atrevido a salir si no hubieses estado delirando? ‑exclamó Rasumikhine, perdiendo la calma a su vez‑: ¿Por qué saliste? ¿Con qué intención? ¿Y por qué lo hiciste a escondidas? Confiesa que no podÃas estar en tu juicio. Ahora que ha pasado el peligro, puedo hablarte francamente.