Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Sus cabellos estaban empapados de sudor, temblaban sus resecos labios, su mirada se fijaba en el techo obstinadamente.
«Mi madre… mi hermana… ¡Cómo las querÃa… ! ¿Por qué las odio ahora? SÃ, las odio con un odio fÃsico. No puedo soportar su presencia. Hace unas horas, lo recuerdo perfectamente, me he acercado a mi madre y la he abrazado… Es horrible estrecharla entre mis brazos y pensar que si ella supiera… ¿Y si se lo contara todo… ? Me quitarÃa un peso de encima… Ella debe de ser como yo.»
Pensó esto último haciendo un gran esfuerzo, como si no le fuera fácil luchar con el delirio que le iba dominando.
«¡Oh, cómo odio a la vieja ahora! Creo que la volverÃa a matar si resucitara… ¡Pobre Lisbeth! ¿Por qué la llevarÃa allà el azar… ? ¡Qué extraño es que piense tan poco en ella! Es como si no la hubiese matado… ¡Lisbeth… ! ¡Sonia… ! ¡Pobres y bondadosas criaturas de dulce mirada… ! ¡Queridas criaturas… ! ¿Por qué no lloran? ¿Por qué no gimen? Dan todo lo que poseen con una mirada resignada y dulce… ¡Sonia, dulce Sonia… !»