Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑No sé qué decirle. Desde luego, ese documento no me preocupaba lo más mÃnimo. Yo no sentÃa deseos de ir a ninguna parte, y la misma Marfa Petrovna, viendo cómo me aburrÃa, me propuso en dos ocasiones que hiciera un viaje al extranjero. Pero yo habÃa ya salido anteriormente de Rusia y el viaje me habÃa disgustado profundamente. Uno contempla un amanecer aquà o allá, o la bahÃa de Nápoles, o el mar, y se siente dominado por una profunda tristeza. Y lo peor es que uno experimenta una verdadera nostalgia. No, se está mejor en casa. AquÃ, al menos, podemos acusar a los demás de todos los males y justificarnos a nuestros propios ojos. Tal vez me vaya al Polo Norte con una expedición, pues j'ai le vin mauvais y no quiero beber. Pero es que no puedo hacer ninguna otra cosa. Ya lo he intentado, pero nada. ¿Ha oÃdo usted decir que Berg va a intentar el domingo una ascensión en globo en el parque Iusupof y que admite pasajeros?
‑¿Pretende usted subir al globo?
‑¿Yo? No, no… Lo he dicho por decir -murmuró Svidrigailof, pensativo.
«¿Será sincero?», pensó Raskolnikof.