Crimen y Castigo
Crimen y Castigo »‑Buenos días, Arcadio Ivanovitch. ¿Qué te parece mi vestido? Aniska no habría sido capaz de hacer una cosa igual.
»Aniska es una costurera de nuestra casa, que primero había sido sierva y que había hecho sus estudios en Moscú… Una bonita muchacha.
»Marfa Petrovna no cesa de dar vueltas ante mí. Yo contemplo el vestido, después la miro a ella a la cara, atentamente.
»‑¿Qué necesidad tienes de venir a consultarme estas bagatelas, Marfa Petrovna?
»‑¿Es que te molesta hasta que venga a verte?
»‑Oye, Marfa Petrovna ‑le digo para mortificarla‑, voy a volver a casarme.
»‑Eso es muy propio de ti ‑me responde‑. Pero no te hace ningún favor casarte cuando todavía está tan reciente la muerte de tu mujer. Aunque tu elección fuera acertada, sólo conseguirías atraerte las críticas de las personas respetables.
»Dicho esto, se ha marchado, y a mí me ha parecido oír el frufrú de su cola. ¡Qué cosas tan absurdas!, ¿verdad?
‑¿No me estará usted contando una serie de mentiras? ‑preguntó Raskolnikof.