Crimen y Castigo
Crimen y Castigo »Estaba desesperada. No me atrevÃa a decirte la verdad, ya que con ello sólo habrÃa conseguido apenarte y desatar tu indignación. Además, ¿qué podÃas hacer tú? Perderte: esto es lo único. Por otra parte, Dunetchka me lo habÃa prohibido. En cuanto a llenar una carta de palabras insulsas cuando mi alma estaba henchida de dolor, no me sentÃa capaz de hacerlo.
»Desde que se supo todo esto, fuimos el tema preferido por los murmuradores de la ciudad, y la cosa duró un mes entero. No nos atrevÃamos ni siquiera a ir a cumplir con nuestros deberes religiosos, pues nuestra presencia era acogida con cuchicheos, miradas desdeñosas e incluso comentarios en voz alta. Nuestros amigos se apartaron de nosotras, nadie nos saludaba, e incluso sé de buena tinta que un grupo de empleadillos proyectaba contra nosotras la mayor afrenta: embadurnar con brea la puerta de nuestra casa. Por cierto que el casero nos habÃa exigido que la desalojáramos.
»Y todo por culpa de Marfa Petrovna, que se habÃa apresurado a difamar a Dunia por toda la ciudad. VenÃa casi a diario a esta población, en la que conoce a todo el mundo. Es una charlatana que se complace en contar historias de familia ante el primero que llega, y, sobre todo, en censurar a su marido públicamente, cosa que no me parece ni medio bien. AsÃ, no es extraño que le faltara el tiempo para ir pregonando el caso de Dunia, no sólo por la ciudad, sino por toda la comarca.