Crimen y Castigo
Crimen y Castigo
Cuando, al dÃa siguiente, a las once en punto, Raskolnikof fue a ver al juez de instrucción, se extrañó de tener que hacer diez largos minutos de antesala. Este tiempo transcurrió, como mÃnimo, antes de que le llamaran, siendo asà que él esperaba ser recibido apenas le anunciasen. Allà estuvo, en la sala de espera, viendo pasar personas que no le prestaban la menor atención. En la sala contigua trabajaban varios escribientes, y saltaba a la vista que ninguno de ellos tenÃa la menor idea de quién era Raskolnikof.
