Crimen y Castigo
Crimen y Castigo «Otro error mÃo ha sido no darles dinero ‑siguió pensando mientras regresaba, cabizbajo, al rincón de Lebeziatnikof‑. ¿Por qué demonio habré sido tan judÃo? Mis cálculos han fallado por completo. Yo creÃa que, dejándolas momentáneamente en la miseria, las preparaba para que luego vieran en mà a la providencia en persona. Y se me han escapado de las manos… Si les hubiera dado… , ¿qué diré yo?, unos mil quinientos rublos para el ajuar, para comprar esas telas y esos menudos objetos, esas bagatelas, en fin, que se venden en el bazar inglés, me habrÃa conducido con más habilidad y el negocio me habrÃa ido mejor. Ellas no me habrÃan soltado tan fácilmente. Por su manera de ser, después de la ruptura se habrÃan creÃdo obligadas a devolverme el dinero recibido, y esto no les habrÃa sido ni grato ni fácil. Además, habrÃa entrado en juego su conciencia. Se habrÃan dicho que cómo podÃan romper con un hombre que se habÃa mostrado tan generoso y delicado con ellas. En fin, que he cometido una verdadera pifia.»
Y Piotr Petrovitch, con un nuevo rechinar de dientes, se llamó imbécil a sà mismo.