Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Comprendo, comprendo‑ dijo Lebeziatnikof con súbita lucidez‑. Está usted en su derecho. Sus temores respecto a mà son francamente exagerados, pero… Tiene usted perfecto derecho a obrar asÃ. En fin, me quedaré. Me iré al lado de la ventana y no los molestaré lo más mÃnimo. A mi juicio, usted tiene derecho a…
Piotr Petrovitch volvió al sofá y se sentó frente a Sonia. La miró atentamente, y su semblante cobró una expresión en extremo grave, incluso severa. «No vaya usted a imaginarse tampoco cosas que no son», parecÃa decir con su mirada. Sonia acabó de perder la serenidad.
‑Ante todo, Sonia Simonovna, transmita mis excusas a su honorable madre… No me equivoco, ¿verdad? Catalina Ivanovna es su señora madre, ¿no es cierto?
Piotr Petrovitch estaba serio y amabilÃsimo. Evidentemente abrigaba las más amistosas relaciones respecto a Sonia.
‑Sà ‑repuso ésta, presurosa y asustada‑, es mi segunda madre.
‑Pues bien, dÃgale que me excuse. Circunstancias ajenas a mi voluntad me impiden asistir al festÃn. Me refiero a esa comida de funerales a que ha tenido la gentileza de invitarme.
‑Se lo voy a decir ahora mismo.