Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑óigame, yo le confié la misión delicadÃsima, sÃ, verdaderamente delicada, de invitar a esa señora y a su hija… Ya sabe usted a quién me refiero… HabÃa que proceder con sumo tacto. Pues bien, ella cumplió el encargo de tal modo, que esa estúpida extranjera, esa orgullosa criatura, esa mÃsera provinciana, que, en su calidad de viuda de un mayor, ha venido a solicitar una pensión y se pasa el dÃa dando la lata por los despachos oficiales, con un dedo de pintura en cada mejilla, ¡a los cincuenta y cinco años… !; esa cursi, no sólo no se ha dignado aceptar mi invitación, sino que ni siquiera ha juzgado necesario excusarse, como exige la más elemental educación. Tampoco comprendo por qué ha faltado Piotr Petrovitch… Pero ¿qué le habrá pasado a Sonia? ¿Dónde estará… ? ¡Ah, ya viene… ! ¿Qué te ha ocurrido, Sonia? ¿Dónde te has metido? Debiste arreglar las cosas de modo que pudieras acudir puntualmente a los funerales de tu padre… Rodion Romanovitch, hágale sitio a su lado… Siéntate, Sonia, y coge lo que quieras. Te recomiendo esta carne en gelatina. En seguida traerán los crêpes… ¿Ya están servidos los niños? ¿No te hace falta nada, Poletchka… ? Pórtate bien, Lena; y tú, Kolia, no muevas las piernas de ese modo. Compórtate como un niño de buena familia… ¿Qué hay, Sonetchka?