Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Raskolnikof escuchaba todo esto en silencio y con una expresión de disgusto. Sólo comÃa por no desairar a Catalina Ivanovna, limitándose a mordisquear los manjares con que ella le llenaba continuamente el plato. Toda su atención estaba concentrada en Sonia. Ésta temblaba, dominada por una inquietud creciente, pues presentÃa que la comida terminarÃa mal, y seguÃa con la vista, aterrada, los progresos de la exasperación de Catalina Ivanovna. SabÃa muy bien que ella misma, Sonia, habÃa sido la causa principal del insultante desaire con que las dos damas habÃan respondido a la invitación de su madrastra. Se habÃa enterado por Amalia Ivanovna de que la madre incluso se habÃa sentido ofendida y habÃa preguntado a la patrona: «¿Cree usted que yo puedo sentar a mi hija junto a esa… señorita?» La joven sospechaba que su madrastra estaba enterada de ello, en cuyo caso este insulto la mortificarÃa más que una afrenta dirigida contra ella misma, contra sus hijos y contra la memoria de su padre. En fin, que Catalina Ivanovna, ante el terrible ultraje, no descansarÃa hasta haber dicho a aquellas provincianas que las dos eran unas… , etc., etc.