Crimen y Castigo
Crimen y Castigo
Empezó para Raskolnikof una vida extraña. Era como si una especie de neblina le hubiera envuelto y hundido en un fatÃdico y doloroso aislamiento. Cuando más adelante recordaba este perÃodo de su vida, comprendÃa que entonces su razón vacilaba a cada momento y que este estado, interrumpido por algunos intervalos de lucidez, se habÃa prolongado hasta la catástrofe definitiva. TenÃa el convencimiento de que habÃa cometido muchos errores, sobre todo en las fechas y sucesión de los hechos. Por lo menos, cuando, andando el tiempo, recordó, y trató de poner en orden estos recursos, y después de explicarse lo sucedido, sólo gracias al testimonio de otras personas pudo conocer muchas de las cosas que pertenecÃan a aquel perÃodo de su propia vida. ConfundÃa los hechos y consideraba algunos como consecuencia de otros que sólo existÃan en su imaginación. A veces le dominaba una angustia enfermiza y un profundo terror. Y también se acordaba de haber pasado minutos, horas y acaso dÃas sumido en una apatÃa que sólo podÃa compararse con el estado de indiferencia de ciertos moribundos. En general, últimamente parecÃa preferir cerrar los ojos a su situación que darse cuenta exacta de ella. AsÃ, ciertos hechos esenciales que se veÃa obligado a dilucidar le mortificaban, y, en compensación, descuidaba alegremente otras cuestiones cuyo olvido podÃa serle fatal, teniendo en cuenta su situación.
