Crimen y Castigo
Crimen y Castigo »He aquÃ, Rodion Romanovitch, cómo se fue formando mi convicción poco a poco. Pero cuando ya me sentÃa seguro, volvà en mà y me pregunté qué me habÃa ocurrido. Pues todo aquello podÃa explicarse de un modo diferente e incluso más natural… Un verdadero suplicio. ¡Cuánto mejor habrÃa sido la prueba más insignificante! Cuando supe lo del cordón de la campanilla, me estremecà de pies a cabeza. "Ya tengo la prueba", me dije. Y ya no quise pensar en nada. En aquel momento habrÃa dado mil rublos por verle con mis propios ojos dar cien pasos al lado de un hombre que le habÃa llamado asesino y al que no se atrevió a responder una sola palabra.