Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Sabe usted que me persiguen? ‑preguntó Raskolnikof dirigiéndole una mirada escrutadora.
‑No, no lo sabÃa ‑repuso Svidrigailof con un gesto de asombro.
‑Entonces, déjeme en paz.
‑Bien: le dejaré en paz.
‑Pero dÃgame: si es verdad que usted me ha citado dos veces aquà y esperaba mi visita, ¿por qué, hace un momento, al verme levantar los ojos hacia la ventana, ha intentado ocultarse? Lo he visto perfectamente.
‑¡Je, je! ¿Y por qué usted el otro dÃa, cuando entré en su habitación, se hizo el dormido, estando despierto y bien despierto?
‑PodÃa… tener mis razones… , ya lo sabe usted.
‑Y yo las mÃas… , que usted no sabrá nunca.