Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¡Largo de aquÃ! Esto es lo que significa.
‑¿Cómo te atreves, miserable… ?
Levantó su fusta. Raskolnikof se arrojó sobre él con los puños cerrados, sin pensar en que su adversario podÃa deshacerse sin dificultad de dos hombres como él. Pero en este momento alguien le sujetó fuertemente por la espalda. Un agente de policÃa se interpuso entre los dos rivales.
‑¡Calma, señores! No se admiten riñas en los lugares públicos.
Y preguntó a Raskolnikof, al reparar en su destrozado traje:
‑¿Qué le ocurre a usted? ¿Cómo se llama?
Raskolnikof lo examinó atentamente. El policÃa tenÃa una noble cara de soldado y lucÃa mostachos y grandes patillas. Su mirada parecÃa llena de inteligencia.
‑Precisamente es usted el hombre que necesito ‑gritó el joven cogiéndole del brazo‑. Soy Raskolnikof, antiguo estudiante… Digo que lo necesito por usted ‑añadió dirigiéndose al otro‑. Venga, guardia; quiero que vea una cosa…
Y sin soltar el brazo del policÃa lo condujo al banco.