Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Raskolnikof se habÃa levantado. Se ahogaba, se sentÃa a disgusto en aquel ambiente y se arrepentÃa de haber entrado allÃ. Svidrigailof se le aparecÃa como el más despreciable malvado que pudiera haber en el mundo.
‑Espere, espere un momento. Pida un vaso de té. No se marche. Le aseguro que no hablaré de cosas absurdas, es decir, de mÃ. Tengo que decirle una cosa… ¿Quiere usted que le cuente cómo una mujer se propuso salvarme, como usted dirÃa? Es una cuestión que le interesará, pues esta mujer es su hermana. ¿Se lo cuento? Asà emplearemos el tiempo de que aún dispongo.
‑Hable, pero espero que…
‑No se inquiete. Avdotia Romanovna no puede inspirar, ni siquiera a un hombre tan corrompido como yo, sino el respeto más profundo.