Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Usted quiere irritarme para deshacerse de mÃ.
‑¡Qué ocurrencia tan original! En fin, ya hemos llegado. Subamos… Mire, ésa es la puerta de la habitación de Sonia Simonovna. No hay nadie, convénzase… ¿No me cree? Preguntemos a los Kapernaumof, a quienes ella entrega la llave cuando se va… Mire, ahà está la señora de Kapernaumof… ¡Oiga! ¿Dónde está la vecina? (Es un poco sorda, ¿sabe… ?) ¿Que ha salido… ? ¿Adónde se ha marchado… ? Ya lo ha oÃdo usted; no está en casa y no volverá hasta la noche… Bueno, ahora venga a mis habitaciones. Pues quiere usted venir, ¿verdad… ? Ya estamos. La señora Resslich ha salido. Siempre está muy atareada, pero es una buena mujer, se lo aseguro. Si usted hubiera sido más razonable, ella le habrÃa podido ayudar… Mire, cojo un tÃtulo del cajón de mi mesa (como usted ve, me quedan bastantes todavÃa). Hoy mismo lo convertiré en dinero. ¿Ya lo ha visto usted todo bien? Tengo prisa. Cerremos el cajón. Ahora la puerta. Y de nuevo estamos en la escalera. ¿Quiere usted que tomemos un coche? Ya le he dicho que voy a las Islas. ¿No quiere usted dar una vuelta? El simón nos llevará a la isla Elaguine. ¿Qué, no quiere? Vamos, decÃdase. Yo creo que va a llover, pero ¿qué importa? Levantaremos la capota.