Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Aunque sé que es usted un hombre sin honor ‑dijo, afectando una calma que desmentÃa el vivo color de su rostro‑, no me inspira usted temor alguno. IndÃqueme el camino.
Svidrigailof se detuvo ante la habitación de Sonia.
‑PermÃtame que vea si está… Pues no, se ha marchado. Es una contrariedad. Pero estoy seguro de que no tardará en volver. Sin duda ha ido a ver a una señora por el asunto de los huérfanos. La madre de esos niños acaba de morir. Yo me he interesado en el asunto y he dado ya ciertos pasos. Si Sonia Simonovna no ha regresado dentro de diez minutos y usted quiere hablar con ella, la enviaré a su casa esta misma tarde. Ya estamos en mis habitaciones. Son dos… Mi patrona, la señora Resslich, habita al otro lado del tabique. Ahora eche una mirada por aquÃ. Quiero mostrarle mis «documentos», por decirlo asÃ. La puerta de mi habitación da a un alojamiento de dos piezas, que está completamente vacÃo… Mire con atención. Debe usted tener un conocimiento exacto del lugar del hecho.