Diario de un escritor
Diario de un escritor En mi opinión, en ese abominable y grosero «chic» resuena una nota de desafío, quizá de indignación, de ira… pero ¿contra qué? Sólo las naturalezas vulgares se suicidan por razones materiales, visibles, externas, y el tono de esa nota muestra que en su caso no se trata de razones de ese tipo. Entonces, ¿contra qué iba dirigida su irritación?… ¿Contra la presunta sencillez de la realidad? ¿Contra la falta de sentido de la vida? ¿Pertenecería al número de esos harto conocidos censores y negadores de la vida a los que irrita la «estupidez» de la presencia del hombre en la tierra, por lo que tiene de absurdo y accidental, la tiranía de una causalidad ciega, con la que no es posible reconciliarse? Nos encontramos ante un alma que se ha rebelado contra el carácter «rectilíneo» de los acontecimientos, incapaz de soportar esa visión, que le habían inculcado desde la infancia en la casa paterna. Pero lo más horrible es que murió sin que le asaltara ninguna duda precisa. Lo más probable es que en su alma no hubiera lugar para dudas conscientes, para lo que se conoce como «problemas»: es muy posible que creyera con toda su alma, al pie de la letra, todo lo que le habían enseñado desde la infancia. De modo que murió simplemente «de fría tristeza y hastío», con un sufrimiento de alguna manera animal e instintivo; era, ni más ni menos, como si se ahogara, como si le faltara el aire. Su alma no soportaba instintivamente ese carácter rectilíneo e instintivamente reclamaba algo más complejo.