Diario de un escritor

Diario de un escritor

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Mayo-junio

CAPÍTULO PRIMERO

IIA PROPÓSITO DE LAS CARTAS ANÓNIMAS E INJURIOSAS

No he viajado al extranjero y en estos momentos me encuentro en la provincia de Kursk. Mi médico, al enterarse de que tenía la oportunidad de pasar el verano en el campo, y en una provincia como Kursk, me prescribió que tomara las aguas de Essentuki, añadiendo que su efecto sería mucho más beneficioso que las de Ems, a las que, según él, ya estoy acostumbrado. Considero un deber informar de que he recibido muchísimas cartas de mis lectores, que expresan su más sincera preocupación por mi enfermedad, anunciada por mí en estas mismas páginas. Y, en general, he de confesar que, desde que empecé a publicar el Diario, he recibido y sigo recibiendo muchas cartas, tanto firmadas como anónimas, en las que no sólo se me elogia, sino que se me apoya y se me anima en mi labor con tales muestras de simpatía que, lo digo con toda sinceridad, nunca creí merecer. Guardo esas cartas como un preciado tesoro… ¿acaso es empalagoso manifestarlo en letras de molde? ¿Está mal que valore y aprecie la atención general? Alguno dirá que estoy elogiándome y alabándome. Pues que lo diga, pero yo sé bien que no se trata de jactancia, sino de manifestar mi gratitud, mi sentimiento sincero; soy lo bastante mayor para comprender que estas manifestaciones mías van a irritar a ciertos señores. Pero esos señores, por lo que parece, no son muy numerosos. De los varios centenares de cartas que he recibido en los dieciocho meses que llevo publicando el Diario, al menos cien (y seguramente más) eran anónimas, pero de esas cien sólo dos eran manifiestamente hostiles. Los hay que no están de acuerdo con mis convicciones y exponen con abierta franqueza sus objeciones, pero siempre de manera seria y sincera, sin la menor alusión personal; lo único que lamento, tanto en lo que respecta a las cartas anónimas como a las firmadas, es la imposibilidad de responder a todas, dado su elevado número. Pero las dos cartas a las que me refiero constituyen una excepción, pues han sido escritas no para objetar, sino para injuriar. Son los señores que han redactado esas cartas los que se irritarán al leer mis manifestaciones de agradecimiento. La última en llegar se refiere precisamente al anuncio de mi enfermedad. Mi corresponsal anónimo se enfadaba de verdad: ¿cómo me atrevía a mencionar en letras de molde un asunto tan personal y privado como mi enfermedad? Y en su carta hacía una parodia bastante grosera e indecente de mi anuncio. No obstante, dejando a un lado el objeto principal de la carta —la injuria—, no pude dejar de hacerme la siguiente pregunta: si, por ejemplo, debido a motivos de salud, me viera obligado a emprender un viaje para curarme y, en consecuencia, no pudiera publicar a su debido tiempo el número de mayo del Diario, y lo uniera al de junio; si me pareciera demasiado seco y sucinto, amén de algo desconsiderado —pues en cada número del Diario he anunciado siempre la fecha de publicación del número siguiente—, anunciar sin ninguna explicación que el número siguiente aparecería al mismo tiempo que el de junio, ¿por qué no revelar la causa de semejante irregularidad? ¿Acaso en mi anuncio entraba en tantos detalles sobre mi enfermedad? Todo eso, desde luego, son naderías; si se tratara de un hombre que se ha sentido profundamente herido en su sentido de las conveniencias literarias y sociales, nos encontraríamos ante un personaje curioso, aunque tal vez en parte probo, quizá ajeno a la literatura, pero animado de un desinteresado amor a ella, que arde, por decirlo así, en el loable fuego de la observancia al decoro literario; y, si bien hace gala de unas exigencias que rayan en lo puntilloso, no es menos cierto que las extrae de una fuente respetable y digna de interés; en consecuencia, aunque sólo fuera por delicadeza, no podría negar a esa carta anónima cierta clase de respeto. Pero las injurias lo han estropeado todo: es evidente que su única intención era insultarme. No cabe duda de que no vale la pena mencionar aquí esa cuestión, pero hace tiempo que quería dedicar un par de palabras a las cartas anónimas en general —me refiero, hablando en propiedad, a las cartas anónimas injuriosas— y me alegro de haber encontrado una ocasión oportuna.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker